Un reciente estudio publicado en el British Journal of Cancer analizó los hábitos alimentarios de 1,8 millones de personas en tres continentes, concluyendo que las dietas vegetarianas se asocian a una reducción significativa del riesgo de diversos tipos de cáncer, entre ellos mama, páncreas, próstata, riñón y mieloma múltiple. Los resultados han generado amplio interés, especialmente por la magnitud de la muestra y la diversidad cultural de los participantes.
Para la académica Janet Cossio, de la carrera de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, uno de los principales aportes del estudio es su tamaño y heterogeneidad. “Incluir poblaciones de distintos continentes aumenta la validez externa de los resultados y permite identificar asociaciones que en muestras pequeñas pasarían desapercibidas”, explica. Sin embargo, advierte que, por su diseño observacional, no es posible establecer causalidad directa: “Las personas vegetarianas suelen tener otros comportamientos saludables, como menor consumo de alcohol o mayor actividad física, y eso también puede influir en el riesgo de cáncer”, dice.
Posibles mecanismos de protección
Las dietas vegetarianas suelen ser más ricas en fibra, antioxidantes y fitoquímicos presentes en frutas, verduras, legumbres y granos integrales, componentes reconocidos por su efecto protector. “Estos nutrientes ayudan a disminuir procesos clave en el desarrollo del cáncer, como el estrés oxidativo, la inflamación crónica y la resistencia a la insulina”, afirma Cossio. A esto se suma que las dietas basadas en plantas suelen favorecer un peso corporal más adecuado, un factor relevante dada la relación entre obesidad y cáncer.
El estudio también detectó un mayor riesgo en algunos cánceres específicos, como el carcinoma epidermoide de esófago. Según la académica de la UNAB, estos resultados podrían deberse a patrones vegetarianos mal planificados. “Hay dietas vegetarianas muy altas en ultraprocesados o pobres en micronutrientes esenciales. Si no existe educación alimentaria, pueden aparecer deficiencias que afectan el estado nutricional general”, sostiene.
Para minimizar riesgos, la experta propone privilegiar alimentos frescos y variados: “Lo ideal es una dieta basada en verduras, frutas, legumbres, frutos secos y granos integrales, asegurando fuentes adecuadas de proteínas y micronutrientes”, subraya la profesional.
Nutrientes críticos a vigilar
Entre los nutrientes que requieren especial atención se encuentran vitamina B12, hierro, zinc, calcio, yodo y omega-3. “La vitamina B12 no está presente en alimentos vegetales, por lo que es frecuente la necesidad de suplementación o consumo de productos fortificados”, explica. En el caso del hierro, su absorción puede mejorar al combinarlo con vitamina C. “Una dieta vegetariana puede ser completa y segura, siempre que esté bien planificada”, enfatiza la nutricionista.
La fibra y los compuestos bioactivos de frutas y verduras juegan un rol fundamental en la prevención del cáncer. “La fibra mejora la salud del microbioma intestinal y contribuye a la eliminación de compuestos potencialmente carcinogénicos, lo que es especialmente relevante para el cáncer colorrectal”, comenta Janet Cossio.
La especialista recomienda mantener variedad, color y calidad en la alimentación, junto con el acompañamiento profesional. “Es esencial consultar a un nutricionista para recibir orientación y evitar deficiencias. Una dieta vegetariana equilibrada no solo es posible, sino que puede ser altamente beneficiosa para la salud”, concluye.