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Evaluación escolar anual: aprendizajes y desafíos en época de Navidad

Yirda Romero, directora carrera Pedagogía en Educación Diferencial UDLA, sede Viña del Mar.

Cerrar el año escolar siempre nos enfrenta a una pregunta decisiva: ¿qué aprendimos realmente? En tiempos en que la evaluación es protagonista para cerrar los procesos, es necesario recordar que no es calificar, sino comprender. Por décadas hemos considerado que el 7 es perfecto, el 4,0 suficiente y el 1,0 como algo negativo. Sin embargo, esta jerarquía numérica dice poco sobre el proceso y casi nada sobre la persona.

Hoy avanzamos hacia un modelo distinto, uno que reconoce que la evaluación es un espejo en movimiento, no una fotografía estática. Un enfoque que invita a mirar el aprendizaje en 360°, donde lo actitudinal, lo procedimental y lo conceptual dialogan entre sí. Primero las fortalezas, luego las oportunidades de mejora. Primero el reconocimiento, después el desafío. Porque, como suele repetirse en las reflexiones pedagógicas, nadie mejora desde el límite; todos crecemos desde la posibilidad.

La familia, la escuela y la comunidad son actores clave en este cambio de paradigma. Necesitamos entender que la evaluación no es un juicio, sino una brújula; no un castigo, sino una conversación. La evaluación es un proceso, no una sentencia, un principio que debería guiar cada cierre de semestre y cada retroalimentación.

Y en medio de este debate aparece la Navidad, recordándonos algo esencial: detenernos también es parte de aprender. Este tiempo nos invita a una pausa necesaria, a mirar con más humanidad y menos prisa; nos devuelve a lo esencial, acompañar, escuchar y creer en el otro.

Evaluar en esta época o con su espíritu significa recordar que acompañamos vidas, no notas; que cada estudiante merece la oportunidad de avanzar a su ritmo, desde su historia y con sus esperanzas. La evaluación tiene sentido cuando el aprendizaje se vuelve futuro.

Que esta Navidad nos permita seguir educando con ternura, con rigor y con conciencia de que cada paso, por pequeño que sea, es un avance hacia la inclusión y hacia un país que confíe más en sus estudiantes que en sus números. Sería muy reparador, especialmente en estos tiempos de tanta vulneración de derechos en las niñeces.

Prensa

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