A ello se suma el efecto de las expectativas financieras, que ante escenarios de riesgo elevan los precios del crudo. Esto impacta directamente a Chile, que importa cerca del 98% del petróleo que consume, generando mayores costos de energía, inflación interna y pérdida de competitividad en sectores productivos que dependen de la energía importada.
Una estabilización del conflicto permitiría normalizar rutas marítimas y cadenas logísticas, reduciendo costos y presiones inflacionarias, además de favorecer una reactivación más sólida para nuestra economía. En ese sentido, la paz no solo es una buena noticia para la humanidad, sino también un respiro para los mercados y para países como Chile, que dependen de la estabilidad global.
Alejandro Bravo, académico de Ingeniería Comercial UNAB sede Viña del Mar
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