Primero, mejoran la atención y la observación, al exigir concentración y análisis visual detallado. Segundo, enseñan a aprender de los errores, ya que cada intento fallido entrega retroalimentación inmediata, fortaleciendo la motivación y el sentimiento de logro. Tercero, potencian funciones ejecutivas como la planificación, la tolerancia a la frustración y la autorregulación. Cuarto, estimulan el razonamiento espacial, al requerir que el niño analice la imagen a construir y visualice cómo encajan las piezas. Y quinto, fortalecen la motricidad fina, especialmente cuando se utilizan rompecabezas físicos.
El acompañamiento adulto es clave: sugerir estrategias, respetar el ritmo del niño y elegir un puzzle adecuado a su nivel puede transformar el juego en una experiencia de aprendizaje significativa. Lo esencial es que el niño disfrute, se desafíe y aprenda jugando.
María Isabel Marín Gamé
Directora Psicopedagogía U. Andrés Bello, sede Viña del Mar
La Junta de Vecinos 160 Nahuelbuta y la Junta de Vecinos 159 A El Bosque,…
Centrada en el género de acción desde una perspectiva crítica, con un humor ácido y…
El programa busca entregar herramientas para que estudiantes de distintas disciplinas conviertan sus ideas en…
•El evento buscó rescatar miradas del mundo antiguo para comprender los dilemas actuales y fortalecer…
Las iniciativas incluyeron apoyo a personas en situación de calle, entrega de alimentos a perros…
Dr. Cristóbal Fernández Robin, director y académico del Departamento de Industrias de la Universidad Técnica…