La iniciativa de instalar toldos blancos en la plaza O’Higgins de Viña del Mar formaliza el comercio en el lugar, sin embargo, debemos poner atención a los efectos que esta acción puede tener en el lugar.
La plaza debe ofrecer una visión amplia y una circulación libre; hoy, los toldos fragmentan el espacio, reducen la continuidad visual y generan zonas de difícil acceso, en un sector donde han ocurrido hechos delictuales a plena luz del día.
Diversos estudios urbanos señalan la importancia del control pasivo y la visibilidad como factores clave de seguridad. Además, esta intervención plantea una privatización de un espacio público sin claridad sobre sus criterios de gestión o permanencia.
El desafío está en diseñar una plaza que acoja el comercio menor, pero que preserve su valor como lugar de encuentro, descanso y convivencia, articulando de manera equilibrada las necesidades ciudadanas, la movilidad y la identidad urbana.
Juan Paulo Alarcón, Director Escuela de Arquitectura UNAB
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