Hormonas como el cortisol, la serotonina y las tiroideas cumplen funciones clave en el cuerpo y la mente. El cortisol, por ejemplo, se eleva en personas con depresión, y su medición en sangre permite orientar diagnósticos más precisos. Las hormonas tiroideas, cuando están alteradas, afectan el metabolismo y pueden provocar desde dificultad para concentrarse hasta estados depresivos. Y aunque menos común, también es posible medir la serotonina, neurotransmisor esencial en la regulación del ánimo, mediante técnicas como HPLC o ELISA.
Los síntomas de un desequilibrio hormonal pueden ser difusos: insomnio, caída del cabello, palpitaciones, cambios de peso o de ánimo. Por eso, incorporar exámenes hormonales en la evaluación clínica de pacientes con malestar emocional no solo es recomendable, sino necesario. Muchas veces los pacientes llegan con síntomas que se atribuyen a lo emocional, y al realizar los exámenes hormonales, encontramos la causa.
La salud mental también se mide en laboratorio. Y entenderla desde una perspectiva integral es el primer paso hacia tratamientos más eficaces y personalizados.
Alejandra Ponce
Académica Tecnología Médica U. Andrés Bello, sede Viña del Mar
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