Categories: Opinión

Inmovilización con pistola Taser: explicación desde la kinesiología

PhD Maximiliano Torres

Académico investigador

Carrera de Kinesiología UDLA Sede Viña del Mar

Las pistolas Taser suelen describirse como armas “paralizantes”, pero desde la kinesiología el fenómeno es más complejo: no producen una parálisis neurológica, sino una pérdida temporal del control motor.

Cuando los dos dardos impactan el cuerpo, el dispositivo envía pulsos eléctricos que estimulan simultáneamente nervios motores y músculos. Esto provoca una contracción intensa y sostenida de grandes grupos musculares, similar a la sensación de un calambre intenso. En ese momento, la persona no puede coordinar movimientos voluntarios y pierde la capacidad de escapar, correr o mantener el equilibrio.

Lo que ocurre entonces es una sobrecarga del sistema neuromuscular. Los músculos reciben una señal eléctrica tan intensa y repetitiva que dejan de responder a las órdenes habituales provenientes del sistema nervioso.

¿De qué depende la duración de la inmovilización? Aunque el efecto suele durar solo algunos segundos, la intensidad de la inmovilización depende de varios factores. Primero, el tiempo de descarga, a mayor tiempo de emisión del pulso mayor será la duración. También la ubicación de los dardos, si quedan separados entre tórax, espalda o extremidades proximales, se activa una mayor cantidad de masa muscular.

También influye la contextura física de la persona, aquellas con mayor masa muscular pueden experimentar contracciones más intensas; y el número de descargas: aplicaciones repetidas o prolongadas aumentan el tiempo de recuperación.

En la mayoría de los casos, el control del movimiento vuelve rápidamente una vez finaliza la descarga. Sin embargo, pueden persistir por varios segundos temblores, debilidad, sensación de “piernas de gelatina”, dolor muscular o desorientación.

Desde el punto de vista kinesiológico, uno de los principales peligros no es la descarga en sí, sino la caída brusca.

Al perder de forma repentina el control muscular y postural, una persona puede golpearse violentamente contra el suelo, escaleras, muebles o vehículos. Esto aumenta el riesgo de golpes en la cabeza, fracturas, esguinces o luxaciones, lesiones musculares y tendinosas, y traumatismos en hombro, rodilla o columna.

También pueden producirse lesiones locales si los dardos impactan zonas sensibles como ojos, cuello, cara o articulaciones.

La evidencia actual muestra que estas armas no “apagan” el cuerpo, sino que interfieren temporalmente con la capacidad del sistema neuromuscular para coordinar el movimiento.

Desde la kinesiología, comprender este mecanismo es clave para dimensionar sus efectos reales y también los riesgos que pueden quedar ocultos después del episodio.

Prensa

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