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Cáncer de ovario: ¿cómo reconocer las señales a tiempo?

Desde la matronería y la oncoginecología, uno de los principales desafíos en el abordaje del cáncer de ovario es que sus manifestaciones iniciales suelen ser inespecíficas y fácilmente atribuibles a condiciones benignas de la vida cotidiana. Organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la International Agency for Research on Cancer (IARC) y sociedades científicas como ACOG coinciden en que actualmente no existe un método de tamizaje eficaz para la población general, por lo que el reconocimiento oportuno de síntomas adquiere un rol central.

“Durante mucho tiempo se instaló la idea de que el cáncer de ovario no daba señales, pero hoy sabemos que sí existen síntomas, aunque son más sutiles y progresivos”, explica Macarena Arriagada, directora de la carrera de Obstetricia de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, en el Día Mundial del Cáncer de Ovarios.

Entre los síntomas más frecuentes descritos por la evidencia —incluidas guías NICE 2023— se encuentran la distensión o aumento de volumen abdominal, la sensación de saciedad precoz, el dolor o presión en la zona pélvica, alteraciones del tránsito intestinal y cambios urinarios como mayor frecuencia o urgencia. “El problema es que estas molestias suelen confundirse con trastornos digestivos, estrés o cambios hormonales, lo que retrasa la consulta. Lo importante es observar si estos síntomas son nuevos y persistentes”, agrega la especialista.

Mitos sobre exámenes

Uno de los principales malentendidos es creer que los controles ginecológicos de rutina permiten detectar precozmente el cáncer de ovario. Sin embargo, las principales guías internacionales son claras en señalar que no existe un examen de screening efectivo para mujeres asintomáticas.

“El Papanicolaou no detecta cáncer de ovario, ya que está orientado al cuello uterino. Es una confusión bastante extendida en la población”, advierte Arriagada. En la misma línea, explica que “la ecografía ginecológica puede ser útil en el contexto clínico, pero no es una herramienta de tamizaje porque no siempre permite diferenciar lesiones benignas de malignas en etapas iniciales”.

Respecto a biomarcadores como el CA-125, la académica precisa que “tampoco se recomienda su uso de manera rutinaria en mujeres sin síntomas, porque su rendimiento diagnóstico es limitado. Puede elevarse por otras condiciones benignas y no siempre está alterado en etapas tempranas del cáncer”.

Este escenario refuerza la importancia de un enfoque basado en la sospecha clínica y la consulta oportuna frente a síntomas persistentes.

¿Cuándo consultar?

En la práctica clínica, la evaluación se centra en identificar síntomas que se mantienen en el tiempo o que representan un cambio respecto al estado habitual. Las recomendaciones apuntan a consultar cuando estas molestias persisten por varias semanas, se presentan de forma frecuente o progresiva, o resultan inusuales.

“Más que la intensidad del síntoma, lo que nos orienta es su persistencia y su evolución. Un dolor leve, pero constante y distinto a lo habitual, debe motivar una evaluación”, señala Arriagada.

Entre las principales señales de alerta se incluyen la distensión abdominal persistente, la sensación de saciedad precoz, el dolor pélvico recurrente, el aumento del perímetro abdominal sin causa aparente y los cambios digestivos o urinarios asociados.

Prevención y autocuidado

Aunque no existe una estrategia preventiva absoluta, sí hay acciones que pueden favorecer una detección más oportuna. Los controles ginecológicos periódicos siguen siendo relevantes para evaluar la salud general, aunque no estén diseñados para identificar este tipo de cáncer en etapas iniciales.

Asimismo, la identificación de antecedentes familiares de cáncer de ovario, mama o colon puede orientar la necesidad de evaluaciones más específicas. “En mujeres con antecedentes familiares, es clave evaluar el riesgo y, si corresponde, considerar estudios genéticos. Eso permite definir estrategias de seguimiento más personalizadas”, indica la directora de Obstetricia UNAB.

Otro pilar fundamental es la alfabetización en salud. “Conocer el propio cuerpo y no normalizar síntomas persistentes es clave. Muchas veces las mujeres minimizan estas señales o las atribuyen a causas habituales, y eso retrasa el diagnóstico”, enfatiza.

“Escuchar el cuerpo y consultar ante cambios que se sostienen en el tiempo puede marcar una diferencia importante en el pronóstico. La detección oportuna parte muchas veces por la propia observación de la mujer”, concluye Macarena Arriagada.

Prensa

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