Coordinadora Instituto de Ciencias Naturales
UDLA Sede Viña del Mar
Cada 11 de febrero, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia nos invita a reflexionar sobre los avances logrados, así como sobre las brechas que aún persisten en materia de igualdad de género en ciencia y tecnología.
A más de tres décadas de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, la participación femenina en la academia, la investigación y los espacios de liderazgo ha aumentado sostenidamente; sin embargo, ello no ha sido suficiente para garantizar condiciones verdaderamente equitativas.
A nivel mundial, las mujeres representan menos de un tercio de las personas dedicadas a la investigación. A esto se suman diversas desigualdades estructurales como la menor adjudicación de financiamiento, la escasa visibilidad de sus aportes, la persistencia de estereotipos de género y las dificultades para conciliar la vida laboral y personal.
Estas condiciones no solo limitan el desarrollo profesional de muchas investigadoras, sino que también afectan la calidad y el alcance del conocimiento científico al reducir la diversidad de perspectivas necesarias para abordar problemas complejos.
En Chile, este escenario muestra avances importantes gracias a políticas públicas, programas de divulgación científica y acciones de acercamiento temprano a la ciencia. No obstante, el desafío no solo radica en el acceso, sino que se relaciona con la permanencia, el reconocimiento y las oportunidades reales de liderazgo.
En este sentido, la educación cumple un rol estratégico al generar experiencias significativas en STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática) desde edades tempranas, visibilizando referentes femeninos y promoviendo espacios que fortalezcan las vocaciones científicas en niñas y jóvenes.
Promover la participación de las mujeres en la ciencia no es solo una cuestión de justicia social, sino también un factor clave para el desarrollo sostenible del país. Una ciencia diversa, inclusiva y colaborativa genera conocimiento más robusto, pertinente y contextualizado, fortaleciendo la capacidad para abordar problemáticas de carácter ambiental, social y tecnológico.
El interés por explorar y comprender el mundo puede transformarse en vocación cuando existe apoyo y oportunidades reales. Si se logra que cada estudiante sienta que la ciencia es su lugar, estaremos formando mucho más que investigadoras: esteremos construyendo futuro.
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