Las redes sociales nos acostumbraron a la vitrina permanente. Mostramos nuestras vidas y, con ello, diluimos la frontera entre lo íntimo y lo público. Se instaló la creencia equivocada de que “si lo compartes, debo opinar”. Pero el problema no es la opinión, sino el tono, la descarga emocional que muchas veces encubre heridas propias.
La rabia digital no se queda en las pantallas. Se filtra en las calles: en el bocinazo impulsivo, en la pelea cotidiana, en el grito fácil. Estamos cansados, irritables, tristes. No lo decimos, pero se nota. Y así los vínculos se vuelven más frágiles, más impersonales, casi artificiales. Terminamos relaciones por mensaje, criamos desde el agotamiento y reaccionamos a desconocidos como si fueran enemigos íntimos.
Cuando el mundo avanza más rápido de lo que podemos procesar, respondemos desde la supervivencia. Atacamos porque estamos heridos. Opinamos todo porque nos cuesta escucharnos. Pero no se trata de callar, sino de pausar: preguntarnos qué nos moviliza, qué nos duele, qué parte de mí reacciona cuando leo algo que no comparto.
Si no detenemos esta lógica de agresión constante, no se va a detener sola. Y si seguimos creyendo que tener razón importa más que cuidar los vínculos, terminaremos —inevitablemente— más solos.
Claudia Szita Ceroni
Académica de Psicología U. Andrés Bello, sede Viña del Mar
El gasto promedio en restaurantes de Valparaíso subió un 10,6% y en cafeterías un 28,3%…
Viña del Mar acogerá una jornada gratuita de salud renal para reducir las listas de…
La PDI incautó un computador en el Servicio de Salud Viña del Mar-Quillota en el…
El Bono Bodas de Oro alcanza las 87.548 personas beneficiadas en la Región de Valparaíso…
Tomás Mercado, alumno de la USM, se coronó campeón nacional de karting tras dominar el…
Un estudio revela que el 42% de los chilenos se siente peor económicamente y planea…