Tras confirmarse la presencia de la fragata portuguesa, la autoridad sanitaria decretó la prohibición de bañarse en dos playas del país, con el fin de resguardar la salud de las personas ante el riesgo que representa el contacto con este organismo marino.
Este habita comúnmente en aguas cálidas del Caribe y del océano Atlántico. Su aparición en las costas del océano Pacífico se explica fundamentalmente por alteraciones meteorológicas temporales, como el fenómeno de El Niño, que modifica la dirección y la velocidad de los vientos, así como la temperatura de la superficie del mar.
Este hidrozoo de hábitos carnívoros habita en aguas que deben presentar entre 20 y 30 grados, entre los 0 y 20 metros de profundidad.
En Chile continental existen reportes de avistamiento desde 2014 en las costas que van desde Arica hasta Los Lagos, siempre vinculados al aumento de la temperatura del océano. Su presencia es frecuente en primavera y verano.
Su peligrosidad para las personas radica en el contacto con sus tentáculos, tanto si el ejemplar está vivo como muerto. Puede provocar lesiones cutáneas en distintas partes del cuerpo, presentándose en forma de una o más líneas o con un patrón serpenteante, acompañadas de erupciones en la piel, como ampollas, enrojecimiento, hinchazón de la zona afectada y ronchas con costras.
Se pueden sumar signos gastrointestinales, como náuseas y vómitos, y en casos de mayor gravedad, se describen síntomas neuromusculares, entre ellos calambres, espasmos, fasciculaciones y alteraciones del equilibrio o la coordinación. También pueden presentarse complicaciones como dificultad respiratoria, broncoespasmos, dolor torácico y trastornos del pulso y la frecuencia cardíaca, como arritmias.
Ante el contacto con una fragata portuguesa se recomienda lavar de inmediato la zona afectada con ácido acético al 5% o vinagre blanco doméstico para evitar la propagación de la toxina. Si no se dispone, se puede utilizar agua de mar. Posteriormente, se deben remover los restos de tentáculos utilizando guantes y pinzas, o con algún instrumento romo, sin punta ni filo.
Para aliviar el dolor, se aconseja sumergir la lesión en agua caliente, a una temperatura tolerable, durante 20 minutos. También se recomienda el uso de lidocaína tópica, un anestésico local que ayuda a disminuir el dolor y la descarga de toxinas, disponible en farmacias sin receta.
Si los síntomas no cesan, se debe acudir a un centro de la red asistencial para recibir atención médica.
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