No se trata de culpar a las familias, que en la mayoría de los casos hacen lo humanamente posible por responder a múltiples exigencias. Se trata de visibilizar una realidad compleja y tender puentes de apoyo. Como plantea la terapeuta ocupacional Fernanda Morales, estos niños pueden experimentar tristeza, inseguridad o una aparente “madurez” que esconde la necesidad de no generar más preocupación. Y ahí es donde debemos detenernos.
Validar, escuchar y generar espacios individuales no es un lujo, es una necesidad. También lo es fortalecer redes de apoyo y comprender que el bienestar familiar es un equilibrio dinámico, no una meta perfecta. Porque cuando un hermano queda en silencio, toda la familia pierde una oportunidad de crecer de manera más sana y contenida. Poner el tema sobre la mesa es el primer paso para cambiarlo.
Fernanda Morales del Ríos
Académica Terapia Ocupacional, U. Andrés Bello, sede Viña del Mar
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