Como sociedad, atravesamos una crisis de múltiples dimensiones, donde la sobrepoblación, su consecuente déficit de vivienda, el cambio climático, el estrés económico, las guerras, la inflación y la polarización política, nos demandan tomar una posición clara y urgente para enfrentar los grandes desafíos que esta crisis genera.
La occidentalización globalizada ha instalado una exacerbación de la intelectualización, el materialismo y la desconexión con la naturaleza y el momento presente. Esto se ha traducido en un modelo económico basado en el extractivismo y en la ilusión de que nuestros recursos naturales son infinitos. Es fundamental entender que el planeta es agotable. La economía no puede seguir estando basada en el crecimiento sin control ni límite. Es necesario transformar el modelo en uno sustentado en la economía circular, el cuidado de los recursos naturales y el equilibrio con el entorno.
Hoy sabemos que los pueblos originarios tuvieron una sabiduría ancestral que les permitió habitar el territorio en consonancia con la naturaleza, incluso en climas extremos, por medio del desarrollo de la arquitectura vernácula. En este contexto, la tecnología jugaba un papel protagónico, mediante la observación de la naturaleza, que hasta hoy sigue siendo el sistema más sofisticado que existe. Creo que necesitamos revisar estos saberes, aprender de ellos con humildad y utilizarlos, y al mismo tiempo abrazar la tecnología de punta como mecanismo de acción. Debemos hacernos conscientes de que nuestro medio ambiente es extremadamente frágil, y el diseño que hace uso de la tecnología en diálogo con el ecosistema representa un puente a través del cual la arquitectura puede escuchar y responder a la inteligencia de su entorno.
Los avances tecnológicos hoy hacen posible tener el planeta completamente mapeado, y estos datos nos ofrecen la oportunidad de pensar una arquitectura altamente contextual, a la medida de cada sitio. Por otro lado, la libertad morfológica que representa la fabricación digital nos posibilita adaptar la arquitectura de manera específica al lugar, sin que signifique un incremento en el costo del proyecto. Esto da como resultado una arquitectura adaptativa, en equilibrio con las dinámicas del territorio, que imita la enorme capacidad de adaptación y evolución inherente a las especies orgánicas.
Como docentes y profesionales, tenemos el inmenso reto de sensibilizar a las nuevas generaciones de arquitectas y arquitectos frente a la naturaleza, e inspirarles para que hagan suya la vanguardia tecnológica como herramienta para empujar los límites de la disciplina.
Verónica Arcos, docente Departamento de Arquitectura USM
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