“Es fundamental entender que la risperidona no modifica el curso del TEA ni las habilidades sociales, sino que ayuda a disminuir síntomas conductuales severos que interfieren con el funcionamiento diario”, explica Osvaldo Álvarez Valdés, académico de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar.
El medicamento está aprobado para pacientes entre 5 y 17 años, aunque en algunos casos se utiliza en menores. Su acción ocurre en el cerebro: modula señales químicas que pueden estar exacerbadas en niños con TEA, generando irritabilidad intensa, impulsividad, conductas explosivas y episodios de agresividad.
“La risperidona reduce la intensidad de estas señales, estabilizando las emociones y permitiendo reacciones más manejables”, detalla el químico farmacéutico.
¿Cuándo se recomienda?
Los especialistas coinciden en que este fármaco nunca es la primera alternativa. Antes deben intentarse intervenciones psicoeducativas, conductuales y emocionales. “Se indica cuando los síntomas son severos y existe riesgo para el niño o su entorno, o cuando afectan gravemente la escolarización y la convivencia familiar”, señala el académico de la UNAB.
Entre los beneficios descritos en estudios clínicos destacan la disminución de la agresividad física, las autolesiones, la irritabilidad frecuente y la hiperreactividad emocional. Esto no solo reduce el malestar del menor, sino que facilita la implementación de terapias educativas, fundamentales para su desarrollo.
Dosis mínima eficaz
El tratamiento siempre parte con dosis bajas. “Según la evolución de los síntomas y la tolerancia individual, la dosis se ajusta lentamente cada 5 a 7 días. Buscamos siempre la cantidad mínima que logre el efecto terapéutico sin generar problemas”, afirma Álvarez.
Como cualquier fármaco, la risperidona puede provocar reacciones adversas, especialmente si se usan dosis más altas o por periodos prolongados. Entre los efectos más comunes están: aumento de peso, somnolencia, fatiga, dislipidemia, galactorrea y síntomas extrapiramidales como temblores o rigidez muscular.
“La mayoría son leves o moderados, y suelen revertir al ajustar la dosis. Sin embargo, es clave que el tratamiento sea estrictamente supervisado por un médico especialista, idealmente con apoyo de un químico farmacéutico”, advierte el profesional.
El académico de la UNAB agrega que, aun así, la risperidona presenta menos incidencia de reacciones adversas que otros medicamentos usados en el TEA, como el aripiprazol.
Interacciones con otros medicamentos
Muchos niños con TEA usan además antiepilépticos, ansiolíticos o antidepresivos. “Al combinar medicamentos pueden aparecer interacciones que disminuyan la efectividad o aumenten los efectos indeseados. Por eso, cada caso debe evaluarse en conjunto entre médico y químico farmacéutico”, subraya Álvarez.
El experto, añade que los primeros efectos positivos pueden aparecer en la primera o segunda semana, y el máximo suele observarse entre las 6 y 8 semanas. “Si los síntomas se mantienen controlados por 3 a 6 meses, puede evaluarse disminuir la dosis de manera gradual, en un proceso que puede durar entre 1 y 6 meses”, indica.
Finalmente, el químico farmacéutico concluye que “La decisión (del consumo) siempre debe ser tomada y monitorizada por un especialista”.
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