En primer lugar, no es cierto que la hepatitis solo se transmite por contacto sexual o uso de drogas. Existen cinco tipos principales —A, B, C, D y E— con diferentes vías de transmisión, incluyendo alimentos o agua contaminados, transfusiones o procedimientos médicos inseguros.
Asimismo, también debemos estar conscientes de que muchas personas pueden estar infectadas sin presentar síntomas visibles, lo que dificulta su detección temprana y facilita su transmisión.
Sin embargo, debemos tener claro que no todos los casos requieren tratamiento médico. La hepatitis A, por ejemplo, suele resolverse espontáneamente, mientras que otras, como la C crónica, necesitan terapia antiviral específica.
Afortunadamente, las vacunas contra los tipos A y B son altamente efectivas, y aunque no garantizan inmunidad absoluta, sin duda alguna son una forma efectiva para evitar contraer estas enfermedades.
La hepatitis no discrimina. Si bien hay grupos de mayor riesgo, cualquier persona puede contraerla. Por ello, es vital reforzar la educación en salud y promover medidas preventivas como la vacunación, el uso de preservativos, la higiene y el diagnóstico oportuno.
Pamela Varas
Directora carrera de Enfermería U. Andrés Bello, sede Viña del Mar
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