Durante dos jornadas, productores y productoras, organizaciones de la Agricultura Familiar Campesina y orgánica, empresas, compradores, investigadores y representantes del mundo académico se reunieron para analizar cómo transformar variedades y productos agroalimentarios tradicionales en oportunidades de diferenciación, innovación y desarrollo para el territorio.
Con el desafío de avanzar desde el rescate y conocimiento de la agrobiodiversidad hacia su valorización y comercialización sostenible, se desarrolló el seminario “Encuentro de articulación y comercialización sostenible de la agrobiodiversidad de la Región de Valparaíso”, iniciativa apoyada por la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) y desarrollada en colaboración con la Facultad de Ciencias Agronómicas y de los Alimentos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), Centro Ceres y el Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA).
El encuentro tuvo como objetivo generar un espacio de articulación entre la Agricultura Familiar Campesina y orgánica, empresas y comunidad científica de la región, con miras a construir una futura hoja de ruta que contribuya a fortalecer la diferenciación comercial de productos agroalimentarios regionales. La propuesta contempló una primera jornada centrada en conocimiento, experiencias y diálogo, y una segunda destinada al trabajo colaborativo y la definición de acciones.
La primera jornada puso en el centro el aporte de la ciencia y la innovación al rescate y valorización de variedades tradicionales. En este bloque, la investigadora de INIA Mónica Madariaga presentó el caso del ajo chileno, abordando el tránsito desde el germoplasma patrimonial hacia un producto con identidad, diferenciación y posibilidades de acceso a mercados. La experiencia permitió destacar la importancia de conocer, conservar y caracterizar los recursos genéticos como base para su posterior valorización.
Desde otra perspectiva, el investigador de CEAZA Máximo González abordó el potencial de las variedades antiguas de tomate frente al cambio climático, poniendo el foco en la adaptación de los cultivos y en el valor de los recursos genéticos tradicionales para enfrentar condiciones ambientales cada vez más desafiantes.
El segundo bloque avanzó desde la caracterización y adaptación hacia las herramientas que permiten transformar esa identidad en valor comercial. La investigadora de INIA Verónica Arancibia abordó los sellos de origen, las indicaciones geográficas y las marcas, revisando sus oportunidades, límites y posibilidades para proteger y diferenciar productos vinculados a un territorio. Su experiencia en el rescate de productos con identidad territorial permitió destacar que el origen puede convertirse en un atributo comercial cuando existe una estrategia adecuada de protección y valorización.
A continuación, Gabriela Lemus, de la Cooperativa Agrícola COALIM, presentó la experiencia del tomate Limachino, desde identificación y valorización como variedad tradicional de la región hasta su posicionamiento en el retail, aportando la perspectiva de quienes participan directamente en la cadena comercial y enfrentan el desafío de vincular productos tradicionales con mercados formales.
Por su parte, Alejandro Osses, gerente de CREAS, abordó el tránsito desde un producto básico o commodity hacia uno diferenciado o speciality, a partir de casos desarrollados desde el centro tecnológico. La presentación puso el foco en la innovación y en la generación de mayor valor agregado como parte del proceso de transformación de materias primas y productos agroalimentarios.
La jornada concluyó con el foro “Conectando lo Tradicional con el Mercado Formal”, que reunió a representantes de la producción, ciencia, empresas y comercialización para intercambiar experiencias sobre la construcción de alianzas comerciales, sus principales desafíos y los factores que pueden facilitar una relación sostenible entre productores y mercados formales. Participaron Claudio Orellana, de CENCOSUD; Gabriela Lemus, de COALIM; Máximo González, de CEAZA; Alejandro Osses, de CREAS; y las investigadoras de INIA Verónica Arancibia y Mónica Madariaga.
El segundo día estuvo dedicado al codiseño de un documento base para una futura Hoja de Ruta Regional, trasladando la conversación desde el diagnóstico hacia la identificación de acciones.
La metodología invitó a los participantes a responder una pregunta central: ¿qué impide hoy transformar la agrobiodiversidad regional en productos con mayor valor y acceso a mercado? A partir de las brechas identificadas, las mesas trabajaron en oportunidades y posibles soluciones, para luego intercambiar propuestas y priorizar acciones considerando criterios de impacto, factibilidad y capacidad de articulación.
Erika Salazar, investigadora INIA La Platina dijo que el encuentro cumplió su propósito de buscar poner en el centro la voz de los agricultores, identificar brechas y construir propuestas que sirvan como insumo para una futura hoja de ruta regional. Porque, precisó, “la estrategia regional que se está elaborando debe responder a las necesidades del sector y, al mismo tiempo, fortalecer la conservación, valorización y visibilización de la agrobiodiversidad de la región”.
Nicolás Prado, Seremi de Agricultura planteó que la agrobiodiversidad abre oportunidades de crecimiento económico, valorización y diversificación para pequeños agricultores. Destacó la importancia de conectar a productores, academia, servicios públicos y mercado para proyectar una agricultura regional sostenible y competitiva.
En tanto, Esperanza Garrido, del FIA dijo que la innovación no se limita a tecnología o ciencia, “también incorpora las experiencias de productores y emprendedores rurales. La sostenibilidad es transversal y permite agregar valor, fortaleciendo la competitividad ambiental, económica y social de la región”.
Verónica Ciuffardi, Asociación gremial de agricultores y procesadores de la producción orgánica certificados, Agrobato
“Este seminario permite acercar la investigación a los agricultores. Los productores estamos muy interesados en conocer más sobre la investigación y el desarrollo que se realiza en Chile, y creo que todavía hay mucho por avanzar en esa conexión. Espero que este encuentro sea una puerta de entrada para generar mayores vínculos entre la ciencia y quienes trabajamos directamente en el campo”.
Camilo Roco, Prodesal Calle Larga
“Este tipo de encuentros es esencial para acercar las distintas realidades de los agricultores y compartir las problemáticas que enfrentamos en los territorios. Nos permite vincularnos, asociarnos y avanzar hacia una agricultura más sana y biodiversa, que también genere nuevas oportunidades de valor agregado y acceso a mercados para los productores”.
Patricia Oyanadel, integrante de Prodesal de La Cruz y participante de la Mesa de la Mujer Rural, valoró el encuentro como una oportunidad para conocer nuevas experiencias y generar redes entre agricultores. “Fue un seminario muy interesante, donde pude conocer innovaciones y temas que no conocía. Estos encuentros son importantes porque permiten formar redes con agricultores de otras zonas e instituciones que pueden orientar y apoyar a quienes buscan desarrollar nuevas iniciativas”.
El desafío que quedó planteado fue continuar articulando estas capacidades para que variedades y productos que forman parte del patrimonio agrícola de Valparaíso puedan ser reconocidos no solo por su historia y origen, sino también por sus atributos diferenciadores y su potencial para generar nuevas oportunidades productivas y comerciales para la agricultura regional.
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